Creación de alternativas y
poderes democráticos en el México de hoy

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Creación de alternativas y
poderes democráticos en el México de hoy

Daniel Cazés
Coordinador del Seminario Permanente de Entidades Federativas en el Centro de Investigaciones Interdisciplinarias en Ciencias y Humanidades, Universidad Nacional Autónoma de México. Una versión más amplia de este texto conforma la introducción al libro que con el mismo título he coordinado para el CEIICH-UNAM, actualmente en prensa
31-08-99

Una definición
Creación de alternativas o de poderes democráticos son expresiones que hemos adoptado en el CEIICH de la UNAM para designar al proceso de democratización cotidiana cuyo desarrollo se intensifica en nuestros días por todas partes.

Al circunscribirnos al México de hoy (como es el caso en este volumen), se trata del conjunto de transformaciones sociales expresadas en una sucesión de acciones ciudadanas cuyo inicio puede fijarse en el movimiento por las libertades democráticas de 1968. Otros puntos culminantes de este proceso largo y complejo han sido los marcados por los siguientes acontecimientos y sus secuelas, en las que destacan formas autónomas, no corporativas, no manejadas desde las cúpulas oficiales, de participación de la ciudadanía en los espacios políticos:

  • la organización que la gente debió inventar ante los desastres del sismo de 1985
  • la movilización universitaria contra el autoritarismo en 1986, que se fundió con
  • la rebelión electoral de 1988 y la vigilancia ulterior de las elecciones en todo el país
  • el ¡ya basta! neozapatista del 1º de enero de 1994

(con su discurso, convertido en la síntesis mejor escuchada de los proyectos democratizadores que abarcan el reconocimiento dignificador de las diferencias y su anulación como justificación de desigualdades, así como la elaboración práctica del concepto de autonomías y la construcción de espacios de negociación y acuerdos)

  • la irrupción incontenible de la pluralidad electoral desde el 6 de julio de 1997

El concepto abarca aproximadamente lo que durante los últimos tres lustros se ha llamado en inglés empowerment, vocablo ya corriente en su traducción empoderamiento, poco grata al oído en nuestra lengua, y que se ha propuesto sustituir con el término apoderamiento y con otros. De hecho, ninguna definición de estos vocablos es exactamente idéntica a las demás, pero todas se inscriben dentro del mismo orden categorial. Nosotros nos referimos a la creación de alternativas y a la vez a la creación de poderes democráticos, evocando la noción de que el poder se crea, se construye, se comparte, pues asaltarlo y tomarlo es el inicio de una reproducción de las relaciones que se busca transformar.

Cualquiera que sea el término utilizado aún cuando su transcripción literal del inglés parezca imponerse con el uso, para formular de manera rigurosa lo que considero su significado fundamental, hemos definido el concepto entendiendo que se refiere a cualquier 1

"...proceso en el que los sujetos desposeídos, dependientes, inferiorizados, discriminados, excluidos, marginados, oprimidos, como las mujeres [y los indios, por ejemplo], adquieren, desarrollan, acumulan y ejercen habilidades, formas de expresión, destrezas, tecnologías y sabidurías de signo positivo necesarias para generar o incrementar su autonomía y su independencia.

"A través de acciones de muy diversa índole, los sujetos oprimidos se empoderan, es decir, crean, reúnen y practican poderes no opresivos de los que carecían, para reducir e ir eliminando las posibilidades de que sus opresores sigan controlando sus vidas, subordinándolos, oprimiéndolos.

"El empoderamiento consiste en la adquisición y el ejercicio de esas habilidades y poderes afirmativos no encaminados al dominio ni a la expropiación [de bienes y recursos que debieran ser patrimonio humano y no de unos cuantos privilegiados]. Supone la modificación de las situaciones genéricas de los sujetos, se encamina hacia la transformación de las condiciones de jerarquización de las relaciones, e implica el mejoramiento de la calidad de la vida y la construcción del bienvivir en la democracia genérica, cotidiana y vital.

"Quienes ostentan los poderes del dominio no se empoderan: el empoderamiento es la resistencia ante esos poderes y el propósito de eliminarlos de la vida social.

"Quienes por sus condición o por su situación... ejercen el dominio..., lo desarrollan e incrementan para reforzar y aumentar sus privilegios y sus posibilidades reales de control, dirección, expropiación, subordinación y opresión de otros. El empoderamiento... es la vía principal para resistir a ese dominio, para combatirlo y eliminarlo".

Concomitante con esta formulación, es concebir a la opresión como la condición de dependencia, subordinación, inferiorización y exclusión en que viven los sujetos sociales oprimidos (Cazés, op. cit., página 2)

En esta óptica, crear alternativas o poderes democráticos significa construir legitimidades sociales y nuevos poderes cuyas características principales consisten en que:

  1. no están concebidos para la opresión y, en última instancia, sus objetivos son antiopresivos
  2. surgen de la vocación de autonomía e independencia así como de proyectos de reconocimiento de las diferencias, de tolerancia a las mismas, de su anulación como fundamento de las desigualdades, de su deconstrucción y de la estructuración de relaciones igualitarias
  3. provienen de las experiencias vividas por aquellos protagonistas que (merced, por ejemplo, a la opresión genérica o étnica, al corporativismo, al caciquismo) han vivido situaciones de dependencia, subordinación, desigualdad y discriminación que los han mantenido al margen de su propia representación en las decisiones que les conciernen de manera directa
  4. se expresan muy a menudo en reivindicaciones para la sobrevivencia comunitaria o grupal, y para el ejercicio de derechos humanos y ciudadanos (es decir, en acciones afirmativas: propuestas, negociaciones y acuerdos para poner en práctica políticas públicas destinadas a ir desmontando en la cotidianidad los privilegios, las desigualdades, las inequidades, las injusticias y las diversas formas de subordinación y opresión)
  5. se dan pasos que pueden contribuir a la producción de cambios en las interacciones entre sujetos y entre la ciudadanía y quienes controlan el poder de las instituciones donde ella obtienen satisfacción —incluso parcial— a planteamientos y demandas
  6. tales planteamientos y demandas son formulados por organizaciones y redes de organizaciones generalmente llamadas no gubernamentales y por lo común desligadas de los partidos políticos o al menos declarativa y formalmente separadas de éstos (aunque algunas surgen estimuladas por ellos en la confrontación, en el apoyo o en las alianzas, y aun cuando sus búsquedas sean complementarias de ciertas corrientes partidarias).(2)

De este enfoque, por lo tanto, quedan excluidas las alternativas que para su reproducción y expansión crean quienes se organizan y se fortalecen para actualizar y acrecentar el dominio que ejercen sobre quienes viven en diversos grados de subordinación social, económica, política y cultural. Para el análisis planteado en estos términos, no nos detenemos en las alternativas creadas por la banca, las fuerzas financieras, los grandes empresarios, los caciques, los grupos de poder local, regional o nacional, pues no se trata de proyectos ni de acciones cuyo destino sea la creación de poderes democráticos, sino de la reorganización dinámica destinada a hacer más eficaces y efectivos los mecanismos del lucro, la opresión y la defensa de privilegios ante quienes proponen y van creando esos poderes nuevos y democráticos.

Las agrupaciones ciudadanas que crean alternativas y poderes democráticos, lo hacen efectivamente cuando sus proyectos y sus objetivos se traducen en logros concretos. Si bien algunas de las no gubernamentales ni partidistas incluyen en su discurso conceptos sobre la transformación de las relaciones de dominio y sobre la restructuración del Estado, su trabajo suele encaminarse de manera muy concreta a obtener respuesta y solución a demandas y problemas específicos que rara vez precisan de formulaciones teóricas y filosóficas.

Frecuentemente sus intervenciones parecen simples acciones puntuales y reivindicativas; pero cuando forman parten de un proceso de creación de alternativas, generan y ponen en marcha relaciones sociales en las que los protagonistas subordinados irrumpen en espacios de confrontación de fuerzas que les estaban vedados o a los que tenía acceso muy limitado. La posibilidad de hacerlo legítimamente, de hacerse ver y oír, de negociar y de obtener resultados satisfactorios, surge en proporción importante de los atributos y los elementos de deliberación y pacto renovados y nuevos creados desde la subordinación y la desventaja.

De alcances que prometen llegar a mayor profundidad, Lagarde ha desarrollado la categoría poderío, poderíos (3), que se refiere a lo construido en los procesos de empoderamiento. También desarrolla la categoría piso de vida (referida a los recursos mínimos necesarios para vivir en las condiciones de desarrollo relativas al contexto mundial, continental, nacional, regional o local, paralelo al techo invisible o de cristal conformado por el desarrollo máximo realmente alcanzable en el mundo o en cada sociedad por quienes son sujetos de la opresión, como las mujeres, los grupos étnicos, los jóvenes, etcétera). A manera de síntesis, cito el texto siguiente referido por Lagarde a la opresión de las mujeres y pertinente en lo que se refiera a cualquier sujeto social en condición de dependencia, subordinación, discriminación, exclusión e inferiorización (Gloria Sayavedra y Eugenia Flores, compiladoras, 1997: Ser mujer: ¿un riesgo para la salud? Red de mujeres, México, páginas, 25 y 30.)

"Remontar la opresión implica desarrollar en la sociedad el compromiso y la capacidad de potenciar intencionalmente a las mujeres con el objetivo político de desarrollar su poderío de género: incrementar recursos, oportunidades, derechos y poderes civiles, políticos y culturales. Potenciar el piso de vida de las mujeres exige reconocer e incrementar sus poderes reales para vivirlo y, al hacerlo, lograr su desarrollo..."

Consecuencia metodológica de esa categoría es el índice de poderío conformado por el conjunto de hechos significativos [en la vida de los oprimidos, en este caso en las vidas de las mujeres] frente a la opresión que se orienta en la construcción de una condición (en este caso de género) no opresiva.

Para explicar el contenido del índice, Sayavedra cita un texto inédito, fechado en 1991, del Center for Population and Family Health:

"La esencia del poderío (empowerment) involucra un proceso de crecimiento y desarrollo tendiente a hacer esfuerzos intencionales de cambio. El empoderamiento puede entenderse como una meta de valor y en sí misma como un proceso intermedio que afecta a una gran variedad de resultados de comportamiento".

Y señala (Obra citada en la nota 6, páginas 100-118.)

"El poderío lo definimos como un proceso individual y colectivo de autoafirmación en el que las personas desarrollan su capacidad para tomar decisiones sobre eventos importantes en sus vidas, y para controlar o cambiar en un momento dado su rumbo, usando los recursos de su entorno a pesar de la oposición de otras personas o instituciones. Es un movimiento dialéctico, íntimamente ligado a la condición y situación de las mujeres particulares, y como colectivo".

Las siguientes son las dimensiones en que el grupo coordinado por Lagarde ubica el índice de poderío:

  • Los saberes formales e informales
  • La decisión, el control y el cuidado del cuerpo
  • La generación de recursos y el acceso a ellos y a su control
  • El nivel de participación social y las redes sociales de apoyo
  • Las relaciones afectivas

 

La construcción del índice se basó en las respuestas obtenidas entre las mujeres cuyas vidas fueron investigadas en este estudio. Agrupa 19 relaciones o dimensiones vitales (las cinco enumeradas y 14 más que forman parte de cada una de ellas). Se asigna un valor que va del 0 al 8 a cada una de las variables, en un continuum protección-riesgo. El 0 y el 1 señalan factores de protección, el 2 neutros y del 3 al 8 de riesgo.

Si bien la propuesta de este índice tienen como referencia la salud de las mujeres como elemento básico de su condición, de las condiciones de sus vidas y de la construcción de sus poderíos, la metodología permite las adaptaciones pertinentes para aplicarlo a cualquier persona o grupo oprimido que vive procesos de empoderamiento y construye en ellos su poderío.

De 1968 a 1997: un breve recuento

a) La educación superior, las relaciones entre ciudadanía e instituciones, lo electoral

Después de julio de 1997, en México es evidente que el proyecto democratizador que inició su desarrollo 29 años antes sirvió para iniciar la construcción de una alternativa al régimen político consistente en la dominación de toda la vida política electoral e institucional por parte de un solo partido político, origen e instrumento de un gobierno basado en la exclusión de la ciudadanía de todo lo que concierna a la República.

En 1968, en el contexto de las respuestas violentas de la autoridad primero a un pleito callejero y en seguida a las demandas ciudadanas en medio de diversas intrigas palaciegas y del espectáculo olímpico, un puñado de ciudadanos propuso desde las aulas académicas un diálogo público, ante la televisión, entre gobernantes (el Presidente, sus secretarios de Gobernación y Defensa, los legisladores y los jefes de las policías capitalinas) y gobernados (estudiantes y profesores universitarios y politécnicos, y representantes de artistas y de algunos obreros y campesinos).

Los temas de ese encuentro serían la permanencia en prisión de gran número de luchadores sociales acusados de disolución social debido a sus convicciones y acciones políticas, la subsistencia de esa figura jurídica incorporada al código penal ante el espionaje nazi, y las responsabilidades de algunos funcionarios particularmente celosos en las acciones represivas que les habían sido ordenadas. Pero los cinco puntos petitorios formulados por el Consejo Nacional de Huelga no serían satisfechos: solo escuchar su enunciado pareció un resquebrajamiento de toda la estructura de relaciones corporativas sobre las que se quiso hacer descansar al régimen político mexicano desde 1929. Para que en 1968 el diálogo público sustituyera al monólogo oficial, la ciudadanía precisaba de una fuerza equivalente a la del dominio de las jerarquías gubernamentales, y su voz necesitaba alcanzar la misma potencia que la del gobierno y su partido único. Como carecía de ambas y de hecho carecía del espacio y de los recursos necesarios para avanzar en la construcción de su poderío, la réplica a las propuestas razonadas (aunque plenas de indignación y apasionamiento) consistió en la persecución y la matanza (4)

Los tres lustros que siguieron no fueron precisamente de letargo. En ese tiempo se abrieron espacios, ciertamente limitados y reducidos pero no menos valiosos en la creación de estructuras alternativas para la vida política. Cabe mencionar el crecimiento en número y en población estudiantil de las universidades públicas (5) y el desarrollo en ellas del pensamiento crítico, de la expresión de filosofías, éticas y políticas alternativas, y de incidencia de la racionalidad académica en las acciones ciudadanas. Cabe mencionar también la aceptación de las izquierdas marginadas (semilegales, ilegales o "alegales") para hacer política parlamentaria, y su ingreso a ella: la conformación en 1979 de la Coalición de Izquierda en la Cámara de Diputados (con la que se inició la actuación legislativa de no pocas personas que habían sido perseguidas y encarceladas por motivos políticos en 1968 y en años precedentes), la disolución en 1981 del Partido Comunista para conformar con otras agrupaciones el Partido Socialista Unificado de México, y la de éste para integrar también con otras organizaciones en 1987 el Partido Mexicano Socialista que a su vez formó parte en 1988 del Frente Democrático Nacional y desde el año siguiente del Partido de la Revolución Democrática. En este contexto, emergieron igualmente tendencias y movilizaciones de democratización sindical, lamentablemente reprimidas o suprimidas por el retorno a las prácticas corporativas tradicionales y bien arraigadas. Y los cambios de una parte de la prensa y de la radio en su actitud , su cobertura informativa y su pluralidad de opiniones y análisis, contribuyó desde la década de 1970 a crear nuevas perspectivas intelectuales en la ciudadanía, pese a la cerrazón del medio con alcances absolutos que es la televisión.

A la par con la constante creación de alternativas políticas de tipo partidista y sindical, una ciudadanía sin afiliaciones de ese tipo (y aún con ellas y con o sin la militancia correspondiente) fue organizándose también con propósitos diversos, todos evidentes factores de empoderamiento y de nuevos poderíos ciudadanos. En septiembre de 1985, ante la incapacidad gubernamental de enfrentar adecuada y eficazmente la devastación de los sismos de los día 19 y 20, en cada barrio, en cada unidad habitacional, en cada manzana de la capital del país, aparecieron brigadas de rescate y apoyo. Sus integrantes descubrieron que las necesidades pueden satisfacerse mediante acciones organizadas autónomamente, sin necesidad de esperar las órdenes de quienes detentan la administración pública o las corporaciones. Y que en estas acciones puede acelerarse el proceso de construcción de alternativas y poderíos democratizadores.

Si bien la pequeña organización ciudadana y los grupos llamados no gubernamentales (6) con proyectos sociales ya existían, la movilización de 1985 permitió alcanzar nuevas dimensiones en el concepto y en la práctica de la participación ciudadana: dejaron de privilegiarse la denuncia, la protesta y la condena, para dar prioridad a la propuesta y la negociación.

De esta ola de franca construcción ciudadana de poderíos alternativos, formó parte la rebelión estudiantil antiautoritaria generada ante la "obvia resolución" del Consejo de la Universidad Nacional Autónoma de México en 1986. Los universitarios, estudiantes, maestros e investigadores, organizaron gran número de brigadas de colaboración con las víctimas de los sismos, y de apoyo especializado de diversos tipos. Su experiencia organizativa y en la formulación de propuestas, proyectos y planes, remplazó viejas frustraciones ante incontables intentos de intervención en las decisiones institucionales y en la vida pública, y sacudió los temores generados en las represiones de 1968 y 1971. Se abrió así el camino de negociaciones inusitadas entre gobernantes (las autoridades universitarias) y gobernados (los representantes de los Consejos Estudiantil y Académico Universitario —alumnos y profesores— y Academia Universitaria —investigadores—). Estas acciones tuvieron como objetivo reivindicaciones exclusivamente académicas e institucionales (en contraste con las de 1968 cuyas metas tenían metas nacionales y cuyo discurso llegó a incluir la amplia gama de utopías expresadas durante aquella década en muchos países); su primer resultado fue el diálogo público (materialización de una exigencia planteada desde 1968), al que siguió la conformación en 1987 de una comisión organizadora del Congreso Universitario mediante la primera elección enteramente transparente y de resultados incuestionables que tuvo lugar en la historia de México. En 1990, también con elecciones limpias, se eligieron los delegados y las delegadas al Congreso, y éste se llevó a cabo.

La situación universitaria finalmente no varió gran cosa, y en opinión de muchos llegó a empeorar. Esto se debió en parte a los mecanismos institucionales implacables fortalecidos por el rechazo absoluto de las autoridades a revisar los términos de la Ley Orgánica formulada hace medio siglo, a la transitoriedad de la mayoría de los integrantes de la Universidad, a sus fines profesionalizantes, a la presión sobre los salarios y la permanencia laboral. Pero tan importante como eso fue la convergencia del movimiento universitario con la movilización electoral de 1988 que en la universidad misma hallo uno de sus motores principales.

La frustración ante las irregularidades irremediables en la elecciones de ese año (y para los miembros de la Universidad Nacional, de los alcances de su Congreso) parecieron durante un tiempo llevar una vez más al letargo político y a la inmovilidad social.

Pero entre 1988 y 1993 incontables organizaciones civiles de todo el país se organizaron para vigilar las votaciones locales de varias entidades federativas y constituyeron una red nacional de observación y denuncia de irregularidades (7) que se ocuparía de los comicios federales de 1994, influiría profundamente en las sucesivas reformas legales que conducirían a la autonomía del organismo administrador de los procesos electorales, y conformaría un sistema de consultas ciudadanas independientes. Esta red se conformó con organismos civiles de las más diversas vocaciones que no interrumpieron sus proyectos ni su participación en los movimientos civiles de los más variados ámbitos. Los poderes alternativos creados, acumulados y practicados ahí, se extendieron, se hicieron más variados y complejos, y nutrieron el desarrollo de prácticas ciudadanas inéditas; simultáneamente, la movilización hacia la vigilancia electoral aceleró el empoderamiento y acrecentó los poderíos de todos los actores de esa parte de la sociedad civil que participó en ella.

En 1991, un grupo de ciudadanos (investigadores de la Fundación Arturo Rosenblueth para el Avance de la Ciencia y miembros del Consejo para la Democracia) montó en la capital del país un experimento destinado a probar que el mismo día de las elecciones es posible conocer las tendencias inequívocas de sus resultados, sin necesidad de esperar más de dos semanas a conocer las cifras oficiales. Se efectuó así la primera cuenta rápida, inspirada en la metodología y las técnicas utilizadas en Chile durante el plebiscito del "NO" a la dictadura militar. En efecto, antes de la medianoche de la jornada electoral se conocieron esa tendencias en los 40 distritos electorales federales capitalinos, fundamentalmente idénticas a los resultados finales.

En 1993, a propuesta de nueve integrantes de la Asamblea de Representantes del DF, la misma Fundación definió el método de realización y recuento del Plebiscito Ciudadano en el que unos 335 mil electores y electoras de la capital expresaron su respuesta a cuatro preguntas que versaron sobre el estatuto de su ciudad como dependencia del ejecutivo federal (si la entidad debe transformarse en estado, si debe tener gobierno y legislatura propios, si debe elegir a sus gobernantes). Quienes acudieron a las urnas participaron en la tercera votación efectuada con autonomía del gobierno (otras dos acababan de tener lugar en Yucatán, organizadas por organismos ciudadanos locales en torno a la restructuración del gobierno estatal y sobre la forma en que debieran designarse los consejeros electorales en la entidad).

Los poderes constituidos, pese a sus actitudes de censura y desprecio, no podrían dejar de tomar en cuenta esta movilización y poco tiempo después aceptarían llevar al Congreso de la Unión una iniciativa de ley que hicieron votar a sus diputados para ampliar los derechos ciudadanos de los habitantes de la capital.

En esos años, diversos organismos civiles dedicados a la defensa de los derechos humanos y con otras vocaciones de acción social, organizaron la observación de una docena de elecciones locales y municipales. Con ella se impidieron varias imposiciones y fue ampliándose el poderío electoral de la ciudadanía. Ejemplo de esto fue la creación de la figura de Consejeros Ciudadanos en el Consejo del Instituto Federal Electoral, el nombramiento de seis personas de reputada independencia y honestidad para ocupar esos cargos. La movilización ciudadana alcanzó así la construcción de una institución electoral cada vez más autónomo y creíble.

Lo mencionado hasta aquí podría parecer en la distancia como el ensayo general de la observación nacional de las elecciones presidenciales de agosto de 1994. Para abril de ese año, más de 400 organizaciones civiles dedicadas a muy diversas actividades en todo el país y buena parte de las cuales habían observado elecciones locales desde 1988, conformaron una red que se denominó Alianza Cívica. El gobierno aceptó que la Organización de Naciones Unidas verificara la imparcialidad, el profesionalismo y la validez metodológica de dicha observación, y la financiara parcialmente. Con personas y grupos afines a la oficialidad y a algunas empresas privadas, se crearon otras instancias de observación que también intervinieron en ella con menores perspectivas y alcances.

Para dar a conocer las tendencias de sus primeros recuentos electorales, el Instituto Federal Electoral esperó a que, pasadas las 23 horas del 21 de agosto de 1994, Alianza Cívica difundiera los resultados iniciales de su trabajo, los que, finalmente, variaron muy poco de las cifras oficiales proporcionadas días después y sirvieron de referencia básica a los resultados previsibles.

La observación ciudadana permitió conocer críticamente los detalles del proceso electoral, y que se regalaran los menos votos posibles; así el nuevo presidente ascendió a su puesto con menos de la mitad de los sufragios, hecho inusitado en las prácticas electorales mexicanas.

La red ciudadana que debió disolverse al concluir el proceso electoral, entró en una nueva dinámica cuando, recién inaugurado el nuevo gobierno, se descubrieron manejos ambiguos en el manejo gubernamental de las finanzas públicas, se inició una crisis sin precedentes y se solicitaron préstamos de enormes montos en el extranjero: la red autónoma organizó entonces una consulta nacional para que la ciudadanía expresara sus posiciones a estos respectos y se emitieran las propuestas respectivas a las instancias ejecutivas, legislativas y judiciales del gobierno. Estas pudieron conocer así las opiniones directas e independientes de más de 666 mil personas de todo el país, cuyos pronunciamientos no vieron ni escucharon.

Además, se puso en marcha un proyecto de observación de los funcionarios para vigilar su honestidad y su eficacia, así como para comparar sus declaraciones de campaña electoral y sus mensajes políticos con su actuación pública. La ciudadanía aprendió que es posible exigir y obtener informes secretos sobre los más altos salarios de la función pública, y que si el mismo presidente se opone a darlos es posible obtenerlos mediante amparo judicial.

b) La insurrección indígena, la paz, la equidad, la dignidad

El 1º de enero de 1994 reveló que, al menos durante una década, varios grupos indígenas chiapanecos habían estado construyendo un alternativa a la situación opresiva en la que han vivido durante siglos, y a las políticas despóticas y paternalistas a que los sometió desde mediados de este siglo el gobierno. Seguramente, desde la segunda década de este siglo, ningún otro acontecimiento generó mayor movilización ciudadana que la declaración de guerra del Ejército Zapatista de Liberación Nacional. El apoyo a los reclamos de equidad, justicia y dignidad, y en favor de la paz dieron lugar, además, a una creciente organización con la que se contribuyó a limpiar terrenos abiertos con anterioridad y a abrir nuevos caminos para la construcción de alternativas y de poderes innovadores de perspectiva no opresiva.

Convocados por el Ejército Zapatista de Liberación Nacional ya en plena construcción de una paz negociada, se movilizaron voluntariamente unas 40 mil personas en todo el país para realizar otra consulta destinada a permitir a la ciudadanía expresarse en torno a seis preguntas relacionadas con la solución de los problemas cuya discusión se intensificó con la lucha zapatista, con la organización civil de ésta y con el lugar al que las mujeres tienen derecho en la vida pública. Casi un millón 300 mil personas concurrió esta vez a las urnas ciudadanas.

El poderío de los grupos indígenas en general y de los zapatistas en particular, y el poderío ciudadano generado por las incansables movilizaciones de las organizaciones civiles contribuyeron a impedir mayor violencia que la que se ha dado, y a fijar el derecho a la paz y a la negociación como valores incuestionables cuya fragilidad, gracias a los niveles alcanzados por ese poderío alternativo, no ha podido romperse ni con la fuerza de los intereses conservadores ni con la constante represión más o menos encubierta. La Comisión Nacional de Intermediación, organizada por acuerdo de las partes beligerantes en Chiapas, y la Comisión de Concordia y Pacificación, creada e integrada desde el Poder Legislativo, han contribuido a mantener la paz (aunque aun no a eliminar por completo las posibilidades de guerra), expresado posiciones y propuestas en las que se reconocen amplias capas de la ciudadanía. Aún sin haber surgido directamente de ésta, es evidente que ambas Comisiones han alcanzado su importancia debido a que se han ubicado en las líneas del poderío ciudadano que ha ido creándose en torno a los propósitos de paz y a las reivindicaciones de justicia, equidad, autonomía y dignidad en que se centra el discurso fundamental de los grupos indígenas y de quienes los apoyan.

c) Ciudadanización de la capital más populosa del mundo

En este contexto surgió la alternancia en el poder político de la capital (que ya se había dado en otros estados) y la eliminación de la mayoría absoluta y omnipotente en la Cámara de Diputados. Esta entró en una dinámica capaz de convertirla en el espacio de representación ciudadana que debió haber sido siempre. Por una cifra insoslayable de votos, mayor que la reconocida al triunfador en los comicios presidenciales de 1994, en 1997 la alternativa electoral construida pacientemente por una ciudadanía constantemente frustrada que no canceló nunca la posibilidad de avanzar hacia la democratización llegó a un primer hito nacional en la construcción de poderíos nuevos en la representación política. Muchas acciones simbólicas lo han patentizado, quizá ningunas tan claras como la toma del Zócalo de la Ciudad de México que tantas veces se presenta como propiedad exclusiva de las oficialidades.

La presencia en la capital de los representantes de mil 111 comunidades chiapanecas levantadas en armas y la recuperación de Cuicuilco, el más antiguo centro ceremonial de América, por parte de los delegados al Congreso Nacional Indígena, simbolizan y sintetizan el sitio que en la vida mexicana ha alcanzado aquí la construcción de alternativas y de poderes tendencialmente democráticos al concluir el siglo 20 y el segundo milenio cristiano.

d) Los medios

La prensa. En mayo de 1960 se creó en la ciudad de México la revista Política; durante ocho años sería un oasis independiente y crítico en el desierto oficioso y oficialista de la prensa nacional. Siete años antes había comenzado a publicarse Siempre!, que se quiso plural y en ocasiones lo fue pero nunca demasiado ni para alcanzar la dimensión opositora del bisemanario de análisis informativo y opinión que dirigieron Manuel Marcué y Jorge Carrión. Como quiera que sea, el examen de ideas y la reflexión política seria y fundamentada tuvo como tribunas exclusivas a esas publicaciones (8), pues en los diarios todo o casi todo era apoyo incondicional al gobierno y orientación a menudo desinformada o mal informada en favor de éste. Existían, ciertamente, El Popular y La Voz de México, órganos de los Partidos Popular y Comunista, respectivamente, pero su influencia, si la tuvieron, nunca llegó más allá de los círculos en los que Lombardo Toledano y el puñado de militantes de la hoz y el martillo deseaban o lograban que llegara.

Política fue hostilizada en permanencia por el gobierno de López Mateos y, sobre todo, por el de Díaz Ordaz, de quien advirtió cuando fue destapado: "no será presidente". En quiebra y ya sin su periodicidad original, a principios de 1968 Política dejó de publicarse cuando el presidente que pese al vaticinio de la revista sí llegó a serlo, fue caricaturizado en su portada como un cura cuya estola estaba ornada en sus extremos por sendas cruces gamadas. El director pagaría su osadía residiendo por fuerza varios años en Lecumberri.

Durante el movimiento por las libertades democráticas de 1968, la oposición universitaria, académicos y estudiantes, y quienes con ella salieron a calle, eran, para la --casi totalidad de los diarios, vándalos extremistas que atacaban a los granaderos y al ejército con el único propósito de boicotear los XIX Juegos Olímpicos y de hacer quedar mal a un buen gobierno ante los ojos del mundo que --decía el slogan estaban "puestos en México". Desde luego, el gobierno, la prensa, la radio y la televisión

aseguraban que esos vándalos respondían a consignas emitidas en el extranjero.

En otros medios, los universitarios y sus aliados eran tratados de igual manera, pero en ellos aparecían con tan baja frecuencia que pocas personas pudieron enterarse a través de la radio y la televisión de lo que estaba sucediendo. Algo pudo barruntarse, pese a todo, en las amenazas lanzadas desde el informe presidencial, donde se condenó a quienes opinaban que deberían ser liberadas todas las personas presas por disolución social (delito que se había configurado durante la segunda guerra para prevenir acciones a favor del nazismo), y a quienes propugnaban por abrogarlo ya que eso no se había hecho hasta entonces.

La mayor parte de lo publicado por la prensa de aquellos días abundaba en un amarillismo gobiernista igualado sólo por el amarillismo movimientista que difundían los militantes sesentayochero al distribuir medio millón de ejemplares de un célebre número de la revista ¿Por qué?, lleno de fotos que mostraron crudamente a la fuerza pública arremetiendo contra los jóvenes. ¿Por qué? había nacido en el mismo año para "enfocarlos problemas nacionales" sin olvidar "el dolor de los humildes que está más cerca de Dios. Hacía décadas que en México un órgano de prensa no había servido tan ampliamente a difundir la confrontación entre ciudadanía y gobierno. En un nivel cuantitativamente más elevado que el de Política, ¿Por qué? permitiría vislumbrar una prensa al servicio del empoderamiento de los rebeldes que, en ámbitos más reducidos pero sin ningún sensacionalismo, habían podido expresarse y llevar información durante tres o cuatro semanas a través de un programa de Radio UNAM, hasta que las transmisiones de esta emisora fueron suspendidas poco antes de que el ejército ocupara Ciudad Universitaria. Dos años más tarde, el director de ¿Por qué? también sería atrapado y saldría al exilio; en 1974, la policía destruyó los talleres de la publicación y encarceló a quienes seguían haciéndola.

En estas condiciones, quienes intentaban cimentar una alternativa democrática se vieron en la necesidad de construir el poder proveniente de la información. Consiguieron iniciar sus esfuerzos con las brigadas informativas que aparecían en cualquier sitio con afluencia de personas (autobuses, bancos, mercados, parques) para dar a conocer lo que la prensa y la televisión ocultaban. Pero eso no era suficiente y por ello durante el mes de agosto exigieron la realización pública, ante cámaras y micrófonos, de un diálogo público con el Poder Ejecutivo. Para ello iniciaron un plantón en el Zócalo y, al declarar que ahí esperarían el informe presidencial y el diálogo mismo, fueron expulsados por el ejército y la policía.

Tal fue el inicio de un proceso de empoderamiento ciudadano que avanzaría hasta conseguir, casi diecinueve años más tarde, en 1987, la primera discusión pública, divulgada íntegramente por la radio y en la prensa, entre autoridades (universitarias) y representantes de la ciudadanía (universitaria). Ulteriormente, ese proceso continuaría en confrontaciones diversas entre gobernantes y gobernados, y mediante consultas ciudadanas autónomas cuyos resultados han sido comunicados a las instancias legislativas y de los poderes judicial y legislativo.

En 1968, el gobierno declaró haber aceptado el diálogo, pero no en la plaza más grande del país ni con transmisión televisada, sino en la prensa diaria, mediante comunicados redactados por cada parte.

Los comunicados gubernamentales publicados fueron algunos oficios, simples acuses de recibo de textos de estudiantes o profesores y artistas de los que se informaba que habían sido turnados por la Secretaría de Gobernación a otras instancias de gobierno. Al mismo tiempo, los manifestantes eran reprimidos y los campus universitario y politécnico fueron ocupados.

Finalmente, se inició un diálogo entre funcionarios y representantes estudiantiles. Por la tarde del día en que eso aconteció, la Plaza de las Tres Culturas fue el escenario de la matanza de hombres y mujeres, sobre todo jóvenes, a manos del ejército.

Otro paso en el proceso de creación de alternativas a la información controlada, fue dado en los días siguientes por buena parte de la prensa que dio cuenta del acontecimiento, sobre todo en elocuentes reportajes gráficos.

Durante las doce semanas en que, como lo dijo el Presidente en su informe de año siguiente, el gobierno se dedicó a defenderse de la ciudadanía, la gran prensa capitalina (considerada de circulación nacional) siguió cumpliendo sus compromisos derivados del financiamiento recibido del gobierno en formas diversas, y aportó todo el apoyo de su palabra y de sus silencios alquilados al gobierno más violento que hasta entonces había tenido México después del primer Díaz.

Pero, aunque aún de manera limitada y a veces imperceptible, comenzaron a expresarse los alcances del empoderamiento de la ciudadanía ávida de noticias verosímiles con opiniones plurales e independientes, y de los periodistas que buscaban disyuntivas democráticas en su quehacer informativo y de opinión.

El diario Excélsior inició lo que más adelante sería una transformación profunda en la prensa diaria, al poner su capital político en una singular negociación: no cesaría su apoyo al gobierno, pero abriría sus páginas para pagar en inserciones pagadas los manifiestos que le llevaban el Consejo Nacional de Huelga así como quienes formaron círculos de profesores, investigadores, intelectuales, artistas, escritores, políticos opositores o del régimen que deseaban dar a conocer conjuntamente sus opiniones y posiciones, y también los ciudadanos y las ciudadanas menos notables que secundaban a los universitarios, denunciaban la represión y los abusos o proponían vías de solución.

Los brigadistas dedicados a difundir boletines informativos "relámpago" en las calles, plazas, mercados y otros espacios de reunión, aprendieron una nueva actividad: recorrer las casas y oficinas de simpatizantes pudientes para reunir las fabulosas cantidades que Excélsior cobraba por adelantado para publicar los desplegados. Quienes redactaban estos textos también tuvieron que aceptar la "corrección de estilo" ejercido por la redacción del "diario de la vida nacional": era mejor que se publicaran prudentemente censurados siguiendo las orientaciones de la dirección política del periódico, a que no salieran a la luz pública. Los editorialistas y colaboradores de ese diario también comenzaron a cambiar sus temas y enfoques habituales. Abel Quezada marcó con gran elocuencia el inicio de esa transformación con su cartón del día 3 de octubre de 1968: un cuadro completamente negro.

Pese a las limitaciones políticas y operativas, por vez primera en décadas uno de los diarios de gran circulación en México era prensa libre y comenzaba a borrar la imagen ciudadana expresada durante esas décadas en las consignas coreadas por los manifestantes cuando pasaban por la esquina de 5 de Mayo y Filomeno Mata (Club de Periodistas): "prensa vendida", a la que algunos reporteros habían respondido con una manta sobre sus balcones que decía "no todos estamos vendidos".

La llamada apertura echeverrista permitió ampliar la profunda apertura de nuestra prensa. Esta ya no pudo ser detenida ni cuando en 1976 el mismo gobierno asestó un golpe mortal al equipo que durante ocho años hizo ese diarismo inusitado y renovador. Por la fuerza y con las pistolas en las espaldas de directivos, reporteros y articulistas, Excélsior retornó a los usos y costumbres más arraigados (y por ello estructuralizantes) de los medios mexicanos. Pero de la inicial dispersión de sus disidentes nacieron, en 1977, otro diario, UnomásUno, y la revista Proceso. Esta ha conservado su línea editorial y su absoluta independencia de los dineros gubernamentales durante veinte años, en los cuales además demostró que los gobernantes, incapaces de aceptar la crítica política, viven convencidos de que quienes no los alaban ni crean discursos favorables al gobierno, lo golpean: "no pagaré para que me pequen", declaró al director de esta revista el presidente que se negó a publicar en ella cualquier publicidad oficial.

Del diario recién mencionado cabe decir que por siete años mantuvo su tono crítico y plural, y que su vuelta al redil originó una escisión de la que en 1984 nació La Jornada con su mayor diversidad y una creatividad profesional que ha alcanzado aciertos incuestionables pese a tentaciones que no ha evadido.

Estas publicaciones capitalinas sirvieron de referencia emulativa a muchas otras, de diversos calibres y de alcances e influencias variadas que ofrecen hoy un panorama editorial en el campo de la información y de la opinión políticas, económicas y sociales del que podíamos tener frente a nosotros en el horizonte de hace cinco lustros.

En los ámbitos recién mencionados, el pluralismo y la tolerancia han comenzado a ser reglas generales en buena parte de la prensa diaria. El Universal, El Financiero, La Jornada y Reforma son los diarios más señalados por esas características, además de incontables publicaciones que circulan en otras ciudades o entidades del país, cuyas historias de empoderamiento civil y profesional a penas comienzan a estudiarse.

Las empresas que editan esta clase de diarios no tienen como interés fundamental la crítica social, el testimonio de las inequidades e injusticias ni la propuesta política, a todo lo cual abren sus páginas, sino la rentabilidad de sus negocios, las ganancias que produzcan y el acrecentamiento de la influencia de sus directivos, columnistas y colaboradores. Por ello, la publicidad les resulta fundamental. Su precio es el del espacio en el papel impreso, y puede (o suele) abarcar tanto lo que se dice, la forma en que se dice y el sitio en que se dice, como lo que se calla. No parece existir un solo diario cabeza principal no haya sido, aunque sea unas cuantas veces, concedida o negociada a cambio de algo igualmente valioso.

En cuanto a la publicidad política abierta, que produce ingresos muy cuantiosos, a veces la mayoría de los que obtienen las empresas, sólo un diario ofrece una señal de su presencia cuando se trata de gacetillas aunque no en el caso de textos oficiales. Pero esa señal es inteligible sólo para quienes han sido iniciados en el código (las letras itálicas en las cabezas de las notas o fotografías, que en La Jornada marcan a las inserciones pagadas no comerciales ni sociales).

Puesto que la prensa política, que también existe, es virtualmente ignorada en México a menos que alguno de los medios haga referencia a ella, sólo las empresas editoriales cuentan realmente como tales en la política mexicana, y es en ellas donde la innovación de este campo alcanza sus dimensiones reales: La crítica, el testimonio y la propuesta políticas se publican en la prensa, antes que nada, para que se enteren quienes toman las decisiones en los diversos niveles de la política y la administración pública. Sólo en segundo lugar están los lectores, pero es en la atención a la voz de algunos de éstos en donde la prensa contribuye al empoderamiento ciudadano.

Los enormes cambios experimentados por la prensa mexicana en los últimos años son evidentes, como lo ha sido el sorprendente papel aglutinador y movilizador de ciudadanía opositora con proyectos alternativos a los hegemónicos que algunas publicaciones han tenido por periodos más o menos prolongados, o en coyunturas de gran importancia. Con todo, para justipreciar sus alcances potenciales y reales, vale la pena reflexionar, entre otros, sobre los siguientes hechos:

a) El tiraje diario del conjunto de la prensa en todo el país rebasa en muy poco el millón de ejemplares. Buena parte de ellos lo son de diarios especializados en deportes, nota roja y pornografía (cuyos alcances políticos y opresivos no se analizan por ahora). Aún suponiendo que cada ejemplar vendido de un diario o de una revista sea leído por más de una persona todos los días (cosa que no sucede), el número de lectores de la prensa en México es verdaderamente mínimo en relación con una población de la que se afirma el alfabetismo en más del 80% de quienes tienen más de 18 años de edad y conforman la ciudadanía en este país o al menos la lista de electores, cuyo número rebasa los 50 millones.

b) Unos dos o tres mil de los potenciales lectores diarios de la prensa son los funcionarios y políticos profesionales que reciben recortes y resúmenes generales y especializados. En realidad, a aquellos de entre éstos que participan en la adopción de decisiones es a quienes está dirigida la prensa, por lo que el tiraje de la misma resulta un dato secundario desde el punto de vista de las empresas editoras. Entre esos lectores con poder de adoptar resoluciones en los niveles medios y superiores de las administraciones públicas y las transacciones políticas, es entre quienes la incidencia de la información crítica y la información plural llega a traducirse en influencia de peso. Después de 1968, independientemente del número de lectores de cada órgano de prensa, algunos de éstos han influido en los poderes reales de manera suficiente para evidenciar la forma en que han coadyuvado al empoderamiento de los oprimidos.

c) No obstante lo anterior, el autoritarismo del ejecutivo y lo que hasta septiembre de 1997 fue mayoría absoluta y calificada para el voto presidencialista automático en las Cámaras, son aún determinantes en las resoluciones oficiales y en la orientación de la mayor parte de la prensa (y de los otros medios). La ceguera y la sordera oficiales aún predominan en ámbitos gubernamentales y legislativos fundamentales (como el reconocimiento de las reivindicaciones étnicas, la paz en Chiapas y la ciudadanización integral de la entidad federativa más poblada del país). Para los cambios que se están dando en este campo, para la llamada transición, el papel empoderador de una parte de la prensa ha sido muy importante.

d) Aún con las contribuciones de la prensa a la ciudadanización y a la democratización del país y en particular de su capital, nadie ignora que la corrupción es una de las prácticas profesionales y empresariales mejor arraigadas (vale decir, estructuradoras) en el periodismo mexicano, lo que en conjunto lo hace limitadamente creíble y confiable para buena parte de sus pocos lectores. Pese a ello, un par de publicaciones han enseñado a leer la prensa a muchos lectores que en el ejemplar que adquieren hallan elementos de identidad política y civil movilizadora que, aunque actuante y manifiesta en las calles, aún es bastante restringida tanto en su número como en sus logros.

e) Si bien la mayor parte de los diarios han registrado cambios, en conjunto la línea de la prensa sigue siendo predominantemente tradicional. De hecho, son unos cuantos reporteros, colaboradores, calificadores diarios de la información y la opinión, cabeceros y directores, los que expresan con suficiente amplitud su distanciamiento del sesgo gubernamentalista y propician debates y opiniones con apertura y pluralidad.

f) El pluralismo, sin embargo, no ha demasiado lejos. De ello dieron cuenta detallada los estudios e informes preparados en 1994 por Prodato, la Fundación Arturo Rosenblueth y la Academia Mexicana de Derechos Humanos.(Véase la obra Las elecciones presidenciales de 1994)

Si bien en 1997 se notó un esfuerzo de la prensa para que día a día hubiera información acerca de los candidatos a la jefatura de gobierno del DF, el desequilibrio preferencial hacia el candidato oficial capitalino y a los candidatos oficiales en otras entidades federativas (registrado también en los informes de la Academia Mexicana de Derechos Humanos) siguió privando (como sigue privando la preferencia hacia el partido oficial después de su derrota), por dos razones: porque en la prensa la información contiene usualmente descalificaciones de todo lo que no es oficial u oficialista, y porque las palabras y acciones oficiales y oficialistas siguen identificándose como resultado del trabajo de un partido cuyo líder y promotor principal es al mismo tiempo jefe del Estado y del gobierno. El caso de la elección de gobernador en 1994 y de la legislatura local y municipios en Tabasco son ejemplos del sistema que muchos plantean superar, pero también de la imposibilidad de hacerlo cuando quienes dominan no desean el cambio.

Aunque los diarios y las revistas de mayor seriedad profesional y más frecuente vocación ética están alcanzando un tratamiento de la información y de la opinión que se acerca a la equidad y al pluralismo empoderadores, el balance de las campañas políticas más reciente todavía está lejos de ser satisfactorio.

La radio. La radio ha mostrado en muchas partes del país transformaciones notables. En muchas ciudades hay estaciones que, por lo menos a ciertas horas, la radio es una tribuna con acceso ciudadano que no sólo recoge opiniones políticas, sino lo referente a casi todas las necesidades pública cotidianas, y pone a debate muchas acciones gubernamentales. En las políticas estatales y municipales, la radio ha llegado en ocasiones a ser imprescindible e incluso decisiva con respecto a algunas cuestiones aunque no a las de mayor relevancia.

En el DF, los cambios en la radio han sido también muy valiosos. Son sin duda tan limitados como los de la prensa, pero no por ello carecen de importancia, sobre todo si se toma en cuenta la recuperación de la audiencia que parecía haberle quitado la televisión. Nuevamente hay que destacar la influencia de la radio universitaria en el origen de la transformación de este medio. Fue la transmisora de la UNAM en 1968 la única abierta a la información veraz y a la crítica mientras permaneció en el aire entre julio y septiembre, y hasta que fue silenciada con la toma militar de la Ciudad Universitaria. En su evolución ulterior, y con la operación abierta de Radio Educación, se estableció un paradigma de calidad que mantiene elevados niveles de calidad informativa y de opinión plural, además de su labor fundamental que es la difusión del conocimiento, el pensamiento y las artes. Estos parámetros han servido de referencia a estaciones operadas oficial y privadamente tanto en la misma capital como en todo el país. Así, en lo que podríamos considerar una red nacional de emisoras llamadas culturales en todo el país, la difusión de valiosas alternativas al oficialismo noticioso y al espectáculo comercial es sin duda elemento de empoderamiento en un sentido cultural más amplio que el de la política, entre quienes tienen acceso a esas estaciones.

La influencia de la radio, sobre todo la de las emisoras piratas que han sido siempre de corta duración y alcances cortos, se ve limitada en gran medida porque casi siempre es escuchada al mismo tiempo que se realizan otras actividades (como conducir un vehículo, leer o llevar a cabo actividades rutinarias). Es probable que el incremento reciente de su audiencia coincida con el de la venta de automóviles y de receptores fácilmente transportables. Como quiera que sea, y pese a que algunas estaciones transmiten sólo noticias o la hora exacta, la radio es el medio al que menos se recurre para obtener información o crearse criterios para formar visiones bien estructuradas de la realidad.

La publicidad, los deportes y las complacencias ocupan, con todo, espacios distractores que sin duda son de gran importancia política. Sin excluir la ahora reducida influencia (que en otros tiempos fue decisiva) de las radionovelas en la formación afectiva, sentimental y moral de millones de radioescuchas.

La televisión. En este último aspecto, tanto como en lo que se refiere a la información y a la elaboración de opiniones, la televisión es el medio por excelencia. También es el medio comercial por excelencia, y el de mayores inversiones, recompensas e influencia financieras y políticas. Desde luego, es de mayor alcance pues llega prácticamente a todo el país y su audiencia es inequiparable al de cualquier otro medio.

Las concesiones que desde hace casi medio siglo le han hecho los gobiernos a los emporios del monopolio privado de las concesiones televisivas, y el inconmensurable poder alcanzado por los varones de las finanzas y la política que las comandan (algunos de ellos soldados del ejército oficialista), han permitido a algunos especialistas preguntarse si las empresas concesionarias están sometidas al gobierno, o si es el gobierno el que está sometido a esas empresas.

Los canales gubernamentales de alcance nacional, cuando existieron, y los de potencia regional que aún subsisten, nunca fueron ni han sido competencia para las grandes concesionarias privadas, además de que su diferencia de éstas fue y es imperceptible como no sea por la poca calidad de algunas producciones. Con la privatización de los canales oficiales, la situación quedó prácticamente igual salvo por algunas anécdotas finalmente intrascendentes. En fechas electorales, por largo tiempo la televisión dio mayor importancia a los comicios estadunidenses que a los mexicanos y, ligada a emisoras norteamericanas, reprodujo con detalle el desarrollo de esos comicios. Sólo a partir de 1994 dio espacios mayores de información y comentario a las elecciones nacionales. Los debates ente candidatos y la realización de entrevistas acercaron, sobre todo en la capital en 1997, a los políticos con el electorado, y sin duda estos nuevos espacios, por reducidos que hayan sido, han tenido su peso en la decisión de quienes fueron a las urnas en los tres últimos años, pese a las tendencias preferentemente oficialistas de los conductores que en el pasado se dedicaban a seleccionar con gran parcialidad lo que transmitían. Los páneles de politólogos y escritores a las horas del recuento de los votos y las impugnaciones, pese a la fuerte tendencia a alabar los procesos como tales, también han creado un ámbito de opinión crecientemente abierto.

Lo anterior significa q ue, desde el impulso de la vigilancia ciudadana del proceso electoral de 1994, también la televisión ha experimentado cambios. Por ligeros que sean, dibujan lo inevitable de los equilibrios que deben darse en ella, y de cambios legales propuestos para que la equidad sea la norma y no la excepción. Por ahora, la situación se parece aún demasiado al resultado de los monitoreos de los noticieros televisivos hechos por la Academia Mexicana de Derechos Humanos poco antes de las elecciones locales de este año, cuando señaló que "aunque ha mejorado la equidad" general en los noticieros de la televisión al informar sobre los candidatos a la gubernatura del DF, las dos emisiones principales por su duración y su audiencia habían acentuado su preferencia hacia el PRI y sus candidatos, que ocuparon el doble del tiempo consagrado conjuntamente al PAN y al PRD, y a este último se le asignó un tiempo menor al asignado al PVEM.

A esto hay que agregar que la televisión, con excepción del muy poco visto canal 40, sigue cerrada a la presencia de comentaristas de oposición, y esta cerrazón, con la excepción de algunos páneles, es aún virtualmente absoluta.

No obstante la minúscula aunque notable variación en la información televisiva e incluso en lo que denota sus reducidísimo pluralismo, la democratización real de la televisión mexicana sigue siendo la mejor medida de la democratización real del país. No es posible, por lo tanto, detectar rastro alguno de empoderamiento en la televisión.

Con todo, no debe omitirse que dos canales todavía estatales (el 11 y el 22) cumplen de manera muy satisfactoria sus cometidos llamados culturales, y en ese plano contribuyen sin duda a la generalización de conocimientos y corrientes del pensamiento y el arte que, como en la radio universitaria, son sin duda factor de empoderamiento. Sólo el canal asignado al Instituto Politécnico Nacional transmite noticieros de información general. Lamentablemente, por lo que se informa en ellos parecen vías de difusión de los boletines oficiales de prensa de las dependencias del Ejecutivo, y por lo que callan o exponen fragmentadamente evocan a las oficinas de prensa de cualquier subsecretaría o dirección general de Gobernación.

Internet. La red electrónica y espacial de comunicación y difusión, y su relación con diversos procesos de empoderamiento no se analizan aquí en detalle. Pero se mencionan, en primer lugar, para recordar lo esbozado en Tecnología ciudadana para la democracia Las computadoras (y ahora el acceso en formas diversas a Internet) pueden ser instrumento de democratización tanto como lo han sido de dominio. Basta que un grupo ciudadano posea una microcomputadora de mediana capacidad y un teléfono, a los que se agregue el conocimiento del uso de la primera y la imaginación democratizadora de quienes recurran a ellos, para trabajar en las dimensiones de la rapidez y la eficacia que hoy puede tener el empoderamiento. En segundo lugar, la mención parece imprescindible para llamar la atención sobre la necesidad de que se expanda el recurso a este útil de nuestra época, y también de que se inicien estudios sobre sus alcances y resultados en los campos que nos ocupan.

 

*

En este recuento panorámico del empoderamiento mexicano contemporáneo en nuestro país, de la construcción de poderíos alternativos de signo no opresivo, me he limitado a delinear un proceso en el que la participación ciudadana, además de diseñar alternativas y de poner en acción tácticas para construirlas, ha alcanzado resultados de expresión fundamentalmente electoral, y de extensión de la visibilidad de sujetos sociales por mucho tiempo invisibilizados.

Esto significa que además de la creatividad enunciativa ha producido transformaciones reales en las reglas escritas y no escritas de la convivencia ciudadana, e incorporado como sujetos sociales activísimos a grupos antes considerados prescindibles.

Hay que subrayar además que los cuestionamientos de las estructuras de la cotidianidad formulados y transformados en experiencias prácticas desde 1968, han dado origen a cambios intensos en la vida de los individuos, de las parejas y de las familias. Este hecho, poco explorado hasta ahora, se expresa sobre todo en las transformaciones evidentes en las formas de vida y en las concepciones de la realidad de las mujeres, estimuladas y encauzadas por grupos cada vez más numerosos y activos que se mueven tanto en los espacios de la vida diaria como en las acciones civiles y en las instituciones públicas sobre cuyas políticas inciden a veces con enorme fuerza. Aquí se inscriben el feminismo y las ideas y praxis "con perspectiva de género"; entre ellas hay que mencionar el surgimiento de algunos grupos de hombres que cuestionan las asignaciones ancestrales en el sistema patriarcal de relaciones intergenéricas y, cercanos a los grupos feministas, se proponen crear alternativas de vida en la cotidianidad privada y pública.

Entre otras, es en las líneas enunciadas y en los campos esquematizados en donde se perciben los cambios en la vida cotidiana y en las concepciones de la realidad, es decir en la cultura, de nuestra época, generados en los procesos de empoderamiento que aún no son suficientemente conocidos ni estudiados.

La organización ciudadana y las movilizaciones civiles tienen diversos puntos de partida. Estos no se hallan únicamente en la acumulación de reivindicaciones y proyectos de sociedad atribuibles tradicionalmente a lo que de manera vaga o muy precisa se denomina la izquierda. Algunas políticas públicas clasificables como de signo populista (es decir, paternalistas, asistencialistas, corporativas y manipuladoras) engendraron organizaciones en que fue posible superar los controles bien arraigados y crear alternativas. Al mismo tiempo, la llamada teología de la liberación provocó entre los feligreses activos una importante innovación en el concepto y en la práctica de la caridad: desde hace tiempo, cada vez más creyentes la conciben como servicio a la comunidad, como ejercicio creador de espacios y de acciones encaminadas hacia la equidad y la justicia en las relaciones sociales. Es así como entre quienes construyen alternativas y buscan que éstas fructifiquen pueden descubrirse las formas contemporáneas más dinámicas de lo que en otras épocas pareció misionerismo altruista y hoy se perfila como militancia particularmente activa en las búsquedas para suprimir las formas de la opresión social, estatal e incluso eclesial. Este hecho merece un análisis extenso y profundo que no puede eludir la dimensión de la honda religiosidad (sobre todo de sincretismos del catolicismo) que impera en casi todas las manifestaciones culturales en México.

Algunas limitaciones del recuento

Este recuento es desde luego global y parcial, y muchas de sus particularidades son vistas desde un mirador capitalino. Sus intenciones no son de validez única ni de referencia general. Es una suerte de bosquejo para fundamentar algunos de los argumentos presentados aquí como base de una síntesis teórico-metodológica.

 

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References

1- Daniel Cazés (coordinador), 1996: La perspectiva de género. Guía para diseñar, poner en marcha, dar seguimiento y evaluar proyectos de investigación y acciones públicas y civiles. Consejo Nacional de Población, México, en prensa, páginas 126-127. Una extensa bibliografía acerca del concepto de empoderamiento y de incontables procesos en los que se alcanza se ha producido durante las últimas dos décadas. La referencia más antigua al empoderamiento que he hallado se remonta a 1977: Berger, Peter L. y Richard J. Neuhaus, To empower people. The role of mediating structures in public policy. American Enterprise Institute for Public Policy Research, Washington. Otros títulos notables son, en orden cronológico, los siguientes: Bhasin, Kamla, 1983: Towards empowerment. Hunger Campaign, New Delhi. Schuler, Margaret, editora, 1986: Empowerment and the law strategies of Third World Women. OEF International, Washington. Maghadam, Valentine M., 1990: Gender, development, and policy toward equity and empowerment. United Nations University, Helsinki. Ciofalo Lagos, C. Nuria, 1992. Empowerment, popular power and contra power evidences in a Mexican indigenous community, San Miguel Tzinacapan, Puebla. University of Hawaii, Honolulu. Bystydzienski Reyes, Migdalia, 1992: Women´s studies programs in Latin America, a source of empowerment. University of Massachussets, Boston. Buker, Eloise, editora, 1993: Taking parts ingredientes for leaderaship, participation and empowerment. University Press of America, New York. Sen, Gita, Adrienne Germain and Lincoln C. Chen, 1994: Population policies reconsidered. Health, empowerment, and rights. Harvard University Press, Boston. 1995: Levine, Daniel H., 1995: Religuious change, empowerment, an power reflections on Latin American experience. Institut de Ciències Polítiques i Socials, Barcelona. Blumberg Rae L., editor, 1995: Engendering wealth and well-being empowerment for global chnage. Westview, Boulder.

2- Los procesos de empoderamiento más notables (y desde cierto punto de vista los más espectaculares) son, sin duda, los vividos por las mujeres a través de sus luchas y grupos feministas en todo el mundo al menos desde la Revolución Francesa, pero sobre todo después de la II Guerra Mundial; los movimientos norteamericanos por los derechos civiles y por detener la guerra de Vietnam, así como el que condujo a la desarticulación del apartheid y a la democratización de Sudáfrica. Muchas propuestas, reflexiones y análisis publicados se refieren a la solución de problemas de salud pública (en buena medida de salud sexual y reproductiva), a proyectos productivos de sobrevivencia (a menudo en el contexto de la protección ecológica), a la vigilancia ciudadana de la violación de derechos humanos por parte de las autoridades, a la formulación de nuevos derechos universales y específicos, a la educación, a la participación. Entre otras muchas experiencias mexicanas, es pertinente recordar los esfuerzos de observación electoral iniciados después de 1988 que contribuyeron a la ciudadanización conceptual y práctica de las elecciones y al inicio de la virtual supresión de la hegemonía del llamado partido prácticamente único en 1997: también hay que tener presente al zapatismo contemporáneo desde antes de su primera expresión pública en 1994, a la organización de expresiones antibélicas y de justicia y dignidad en el reconocimiento de los derechos étnicos a que dio lugar, y a las formulaciones democratizadoras de sus voceros y partidarios tanto en el país y en el continente como con pretensiones intergalácticas.

3- A ella se refirió en 1996, en "Identidad de género y derechos humanos", Estudios básicos de Derechos Humanos IV, Laura Guzmán y Gilda Pacheco, compiladoras, Instituto Interamericano de derechos Humanos-Comisión de la Unión Europea, San José de Costa Rica. Con mayor precisión la definió en 1996, en el Capítulo "Democracia genérica" de su libro Género y feminismo. Desarrollo humano y democracia, horas y HORAS, Madrid.

4- La gesta reivindicativa y los intentos hechos por la ciudadanía de entonces para edificar y ocupar los espacios públicos de los que estaba excluida, están ampliamente documentados en los números 12 y 13-14 de la revista Historia y Sociedad (primera época), México, 1968, y en el libro de Ramón Ramírez, 1969: El movimiento estudiantil de México. Julio a diciembre de 1968, ERA, México. Ese mismo año, la editorial Nuestro Tiempo publicó el primer análisis de los acontecimientos en el libro de Sol Arguedas, Fernando Carmona, Jorge Carrión y Daniel Cazés Tres Culturas en agonía, México. Veinticinco años después, en 1993, Plaza y Valdés publicó en México, la Crónica 1968 que preparé para el diario La Jornada, y Memorial del 68. Relato a muchas voces, colección de testimonios que coordiné para el mismo periódico.

5- A su importancia en la secularización del pensamiento y el conocimiento, así como democratización de la sociedad han escrito los coautores de Proyecto nacional y universidad nacional, coordinado por Sergio Zermeño, CIIH-UNAM, 1989.

6- Esta denominación por la negativa, sin duda necesaria para tomar distancias a la vez que requerida por agencias financiadoras internacionales tiende a dejar de usarse y a sustituirse por la más clara de organismos civiles.

7- Del proyecto original trata el libro Tecnología ciudadana para la democracia, de Enrique Calderón y Daniel Cazés, UNAM-La Jornada , México, 1994; de los mismos autores, Las elecciones presidenciales de 1994, UNAM-La Jornada, México, 1995, da cuenta del resultados de esa acción ciudadana nacional, y el Memorial de 1994. Testimonios de observadores, coordinado por D. Cazés, UNAM-La Jornada, México, 1996, describe los pormenores de la jornada electoral en voz de más de mil personas. La metodología de la observación se describe con detalle en un volumen próximo a publicarse en la misma colección. Otra obra próxima a ser concluida por Karime Suri hace la historia de Alianza Cívica, esa red nacional de observaciones electorales y encuestas ciudadanas, desde sus orígenes en 1991 hasta que le fue negado su registro como Asociación Política Nacional en 1997.

8- Aquí se hace referencia únicamente al ámbito del periodismo; las publicaciones llamadas culturales (entre las que estuvo el suplemento de la segunda revista mencionada), cuya nómina de colaboradores se distinguió siempre por la presencia en ella de universitarios, artistas, literatos y otros especialistas, constituyen un mundo en el que las visiones críticas y la libertad de opinión siempre han tenido espacios más amplios y libres.

 


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