DEL PODER AL EMPODERAMIENTO

EuroPROFEM - The European Men Profeminist Network http://www.europrofem.org 

 

Précédente ] Accueil ] Remonter ] Suivante ]

 

DEL PODER AL EMPODERAMIENTO

 

Por Bryan Law
Título original: From power to empowerment
Traducción: Laura E. Asturias


"¿Qué tiene de fabulosa la idea del patriarcado?" 
pregunta Bryan Law, quien examina la co-escucha y rescata el poder personal de los hombres.


Soy un hombre de 40 años, de cultura angloeuropea. Empecé la vida en la clase trabajadora, pero no pude manejar la naturaleza, destructora del alma, del trabajo y los prospectos que esto involucraba. Así que me escapé de la sociedad y pasé a ser parte de ninguna clase en particular, convirtiéndome en una especie de "hippie". Fueron unos 15 años deconstantes rechazos por haber "fallado" como hombre y como ser humano.

Gradualmente entré en el activismo político y me convertí en un fiel discípulo de la no violencia -- como estilo de vida y como forma de alcanzar el empoderamiento y el crecimiento personales. Como activista político en Queensland, he pasado algún tiempo en prisión por desobediencia civil. He trabajado con hombres que perpetran violencia en el hogar (hay muchos de ellos en prisión). He visto la cultura opresiva y sus resultados -- y he trabajado en muchas formas para tratar de cambiarla. Fui a la universidad como estudiante maduro y la encontré muy interesante -- un nido de impotencia privilegiada. Cada organización con la que he trabajado desde 1979 ha hecho un análisis del patriarcado y mantenido una orientación "pro-feminista" de una u otra clase. No siempre me ha resultado fácil manejar esto.

Sé lo que el patriarcado supuestamente significa --la estructura y el sistema de la cultura dominante-- pero, en mi experiencia, la palabra es frecuentemente utilizada para culpar a los hombres (y a mí personalmente) por la opresión de las mujeres. Es difícil ver los sistemas, mientras que los hombres individuales son fácilmente visible y etiquetados como "agentes" y "beneficiarios" de la opresión.

Se me dice una y otra vez que no niegue la experiencia de las mujeres --y he pasado mucho tiempo escuchando. Pero si yo hablo de mi experiencia personal como hombre y mi experiencia compartida con otros hombres, me dicen constantemente que yo "simplemente no entiendo". Se niega la experiencia de opresión de los hombres.

 

La opresión de los hombres

Últimamente he pensado mucho sobre asuntos de hombres y he hablado con hombres y mujeres en la Red Australiana por la No Violencia sobre cómo manejamos las cuestiones de empoderamiento y género. Las cuestiones de género son un debate vivo y un campo de acción dentro de la Red, y nuevamente serán tema de discusión en nuestra reunión nacional este año.

Durante tres meses he estado descansando y planificando en la comunidad Commonground en Victoria. Mi pareja y yo regresaremos a Cairns en mayo para establecer ahí un centro para la no violencia y yo buscaré un grupo de hombres y otro de perpetradores como parte de esta tarea. En preparación, he leído las ediciones de los últimos años de la revista XY, así como libros escritos por hombres y mujeres sobre cuestiones de género. XY es generalmente un material excelente, pero a veces escucho campanas de alerta. Por ejemplo, los artículos "Los hombres de la co-escucha", de Michael Flood (Verano 1994-95), y "Cuestionando la hombría", de Gerry Orkin (Otoño 1995) me parecieron irrelevantes a mi experiencia. Demasiado ideológicos, políticamente correctos y aun "sermoneantes".

He aprendido y practicado la co-escucha desde que llegué a Victoria. Ésta ofrece una forma de sanación y descarga del dolor pasado. Tiene un análisis que reconoce la "opresión" de los hombres en la cultura general, pero esto de ninguna manera desvirtúa o desafía la realidad y el alcance de la opresión de las mujeres.

La co-escucha simplemente reconoce que todas las personas son disciplinadas, mediante el uso de violencia, para vivir en una sociedad violenta. Para comportarse violentamente --algo que se requiere de los hombres como preparación para luchar y morir en guerras que protegen la propiedad de la clase dominante-- a los hombres se les arrebata su empatía y su capacidad para la intimidad. Por el contrario, se les inculca aislamiento, competencia y metas falsas. Las mujeres son oprimidas en maneras diferentes pero complementarias.

La co-escucha no se involucra en competencias sobre cuál opresión es peor. Desafía a cualquiera a reconocer lo que está ocurriendo, sanar sus dolores, adquirir poder y acabar con la cultura de opresión. No es un caso de "yo primero" --no se hace a expensas de otras personas-- sino de que cada persona se haga cargo de sí misma como parte de cambiar el mundo. En "Los hombres de la co-escucha", Michael Flood argumenta que la co-escucha sobrestima la impotencia de los hombres, y utiliza inapropiadamente el término opresión. Sin embargo, ¿cuán "poderosos" o "impotentes" son los hombres? Flood escribe que "de acuerdo con casi todos los criterios aceptados de poder --quiénes ocupan el gobierno, quiénes poseen y controlan las empresas, quiénes son santificados como guías espirituales, quiénes controlan las leyes, quiénes reciben un mayor salario, quiénes ostentan posiciones administrativas-- son los hombres, y no las mujeres, quienes tienen el poder". Este análisis es demasiado estrecho; se concentra exclusivamente en lo que yo denomino poder "instrumental", un poder que viene en virtud de la posición de una persona en una institución.

 

Poder personal

También podríamos ver el poder personal, o el "poder interior", como lo describe la feminista mitopoética Starhawk: como algo que se deriva de estar en armonía y conexión con la fuerza vital. Existe, además, el poder cooperativo, o "compartido", como Starhawk lo llama, que se construye sobre la base del poder personal y se aplica en el trabajo hacia visiones compartidas a través de la asociación con otra/s persona/s. La visión de Starhawk es congruente con el modelo existente dentro de la Red Australiana por la No Violencia.

El poder personal no es tal que un sólo sexo (o una sola clase o cultura) pueda tener más de la porción que le corresponde. El poder personal es una cualidad espiritual que puede ser nutrida. Mientras más poder personal tienen las personas, mejores serán las condiciones para la gente, y mucho más se hará para sanar nuestras comunidades y nuestro planeta. La actitud de la co-escucha es que cada persona necesita adquirir poder en el sentido personal y sentirse lo suficientemente segura para compartirlo.

No hay duda alguna en mi mente de que el poder instrumental es torcido, opresivo y dominante en la cultura general. Pero a la mayoría de hombres --no los de la clase dominante-- se les ha destruido su poder "personal" como parte de ganar acceso al poder instrumental (esta es la destrucción del alma que no pude soportar en mi juventud). Los burócratas y parlamentarios que encuentro en mi activismo frecuentemente me cuentan que no hay nada que puedan hacer con su poder instrumental, y están hablando en serio. Todo se decide a un nivel superior o externo al suyo. Ellos tienen solamente la ilusión del poder.

Algunos tipos de feminismo seriamente proponen que todo estará bien cuando las mujeres ostenten el 50 por ciento del poder instrumental. Yo creo que les iría mejor cultivando su persona de "mujer salvaje" o "mujer guerrera" y elevando su habilidad para actuar directamente contra la injusticia y por la vida. Si el poder sigue siendo solamente instrumental, no importa quién lo ostente; la injusticia y la opresión continuarán vigentes.

 

Niños y niñas salvajes

Todo esto me lleva a la mitopoesía. Me impresionó la mala crítica que se dio al libro Hombría (Manhood) de Stephen Biddulph, y el tono burlón reservado para Robert Bly y otros. Recién terminé de leer Hombría y me pareció muy útil. Creo que necesitamos hombres fuertes, así como necesitamos mujeres fuertes. Los hombres y las mujeres pueden beneficiarse de líderes y lideresas que personalmente demuestren las ganancias de los difíciles y peligrosos procesos de transformación personal y política.

Mi primera experiencia de evocar al "guerrero" u "hombre salvaje" como prototipo y protector no vino de adentro del movimiento de mujeres ni del de hombres. Al conectarse con su cólera y expresarla, las mujeres cuyos límites han sido violados (o que se sienten inferiores o impotentes por cualquier razón) pueden aprender a desarrollar su habilidad de ser asertivas y afirmar sus necesidades efectivamente, y confiar en esa habilidad. Pueden "proteger a su niña interna" y "cultivar su poder adulto". Pueden aprender a manejar los ogros y monstruos de experiencias pasadas. También pueden aprender a cultivar y conectarse con su "mujer sabia" por pensar en situaciones difíciles.

Todas las mujeres que conozco que han hecho este trabajo hablan en términos muy positivos sobre la sensación de poder que esto les da y sobre el beneficioso impacto que ha tenido en sus vidas.

A mi juicio, existe una necesidad similar para el trabajo de empoderamiento personal para hombres, y que sólo aquellos cuyas ideas y movimientos ofrecen una verdadera herramienta de trabajo para alcanzarlo llegarán exitosamente a los corazones, las mentes y las almas de los hombres (y de las mujeres y de las y los jóvenes). Talvez sea por esto que el muy envilecido movimiento mitopoético de hombres tiene tanto éxito en "ganar adeptos".

Al leer la edición de otoño de 1995 de la revista XY, no sabía si reír o llorar ante la constante repetición del tema "¿cómo lograremos que más tipos de hombres se unan a nuestro movimiento, si insistimos en una definición muy estrecha de pro-feminista?" Me parece que la respuesta es que no se puede. Yo me considero pro-feminista. Apoyo y motivo a todas las mujeres a ser fuertes, a oponerse individualmente a la injusticia y a formar las alianzas de su elección. Y apoyo y motivo a los hombres a hacer lo mismo.

En mi tarea docente, cuando enseño una introducción a la no violencia, digo que una meta clave es el desmantelamiento de la cultura de "poder sobre otros" que tenemos actualmente. Pido dos compromisos de cualquiera que desee hacer este trabajo. Uno es renunciar a toda participación o complicidad en la dominaciones o explotaciones de cualquier clase; sacarla de la vida personal y desafiarla en otras personas o instituciones cada vez que se encuentre. El segundo es renunciar a toda participación o complicidad en conductas sumisas o de víctima. El doblegarse a conductas de víctima no ayuda a acabar con la injusticia ni a satisfacer las necesidades reales de las personas. No empoderiza a la gente. Solamente confunde las cosas y facilita que las malas situaciones continúen por más tiempo.

 

Palabras patriarcales

Casi nunca uso la palabra "patriarcado" pues, en mi experiencia, la clase y la cultura a la que las personas pertenecen, así como sus circunstancias familiares, dicen mucho más de su experiencia de opresión de lo que el género puede explicar. El "patriarcado" pudo haber sido creado por feministas blancas de clase media para describir su propia experiencia de opresión, pero no es correcto ni justo considerarlo como la causa de toda la opresión. Con o sin intención, el "patriarcado" culpabiliza a los padres y absuelve a las madres de toda responsabilidad. Muchas de las personas que utilizan este término quieren tener una cuota de poder sobre otras y a la vez conservar los beneficios aparentes de su estado de víctimas.

Me perturban las preguntas planteadas en dos de los artículos sobre las sesiones de Adelaide, las cuales parafrasearé: "¿son los hombres pro-feministas parte del movimiento de hombres, o parte de un movimiento pro-feminista que incluya y sea responsable ante las mujeres?" Flood pidió "respuestas". Aquí está la mía.

No debemos temer al movimiento mitopoético, o aun a los movimientos de "derechos de los hombres". Talvez éstos hagan análisis desagradables, y aun "erróneos", pero son expresiones de hombres que están tratando de mejorar sus vidas, y como tales merecen ser reconocidos y escuchados. Siempre podemos aprender unos de otros.

Si algunas mujeres y algunos grupos de los varios movimientos de mujeres temen el poder de los hombres, hagámosles saber que es trabajo suyo manejar ese temor. Aseguremos a toda la gente sobre los beneficios del poder activo, compartido cooperativamente, y ofrezcamos compartir.

Continuemos trabajando en nuestro propio empoderamiento y en un cambio social.

Si observamos malas conductas, interrumpámoslas, pero no culpabilicemos ni juzguemos. Por el contrario, apoyemos las buenas conductas. Seamos modelos de buenas conductas. El repudiar a otros hombres sólo llevará al aislamiento, lo que impedirá promover nuestras ideas ampliamente. El momento de adherirnos al concepto del patriarcado casi ha terminado; fue útil en su momento, pero tiene un valor limitado en nuestro futuro común.

 

Comprometidos al cambio

Terminaré con el compromiso de la co-escucha para hombres:

"Prometo que, a partir de este momento, me sentiré orgulloso de ser hombre y buscaré cercanía y fraternidad en cada hombre de cualquier edad, raza, nación y clase".

"No permitiré que se calumnie, se falte el respeto o se culpe a ningún hombre por las heridas que se le han provocado, y buscaré ofrecer seguridad a todo hombre para que pueda descargar estas crueles heridas".

"Lucharé para detener y eliminar la carga de fatiga y responsabilidad excesiva que se impone a los hombres, así como la coerción a entrar al servicio militar, en el cual hemos sido brutalizados y forzados escoger entre matar o morir".

"Honraré y valoraré mi derecho a ser un hombre bueno, inteligente, valiente y poderoso".


Copyright 1995. Publicado en la revista XY: men, sex, politics, 5(4), Summer 1995-96. XY, PO Box 26, Ainslie ACT, 2602, AUSTRALIA.

Título original: From power to empowerment. Reimpreso con autorización.

Traducción: Laura E. Asturias (Guatemala)

Por Bryan Law
Título original: From power to empowerment
Traducción: Laura E. Asturias


"¿Qué tiene de fabulosa la idea del patriarcado?" 
pregunta Bryan Law, quien examina la co-escucha y rescata el poder personal de los hombres.


Soy un hombre de 40 años, de cultura angloeuropea. Empecé la vida en la clase trabajadora, pero no pude manejar la naturaleza, destructora del alma, del trabajo y los prospectos que esto involucraba. Así que me escapé de la sociedad y pasé a ser parte de ninguna clase en particular, convirtiéndome en una especie de "hippie". Fueron unos 15 años deconstantes rechazos por haber "fallado" como hombre y como ser humano.

Gradualmente entré en el activismo político y me convertí en un fiel discípulo de la no violencia -- como estilo de vida y como forma de alcanzar el empoderamiento y el crecimiento personales. Como activista político en Queensland, he pasado algún tiempo en prisión por desobediencia civil. He trabajado con hombres que perpetran violencia en el hogar (hay muchos de ellos en prisión). He visto la cultura opresiva y sus resultados -- y he trabajado en muchas formas para tratar de cambiarla. Fui a la universidad como estudiante maduro y la encontré muy interesante -- un nido de impotencia privilegiada. Cada organización con la que he trabajado desde 1979 ha hecho un análisis del patriarcado y mantenido una orientación "pro-feminista" de una u otra clase. No siempre me ha resultado fácil manejar esto.

Sé lo que el patriarcado supuestamente significa --la estructura y el sistema de la cultura dominante-- pero, en mi experiencia, la palabra es frecuentemente utilizada para culpar a los hombres (y a mí personalmente) por la opresión de las mujeres. Es difícil ver los sistemas, mientras que los hombres individuales son fácilmente visible y etiquetados como "agentes" y "beneficiarios" de la opresión.

Se me dice una y otra vez que no niegue la experiencia de las mujeres --y he pasado mucho tiempo escuchando. Pero si yo hablo de mi experiencia personal como hombre y mi experiencia compartida con otros hombres, me dicen constantemente que yo "simplemente no entiendo". Se niega la experiencia de opresión de los hombres.

 

La opresión de los hombres

Últimamente he pensado mucho sobre asuntos de hombres y he hablado con hombres y mujeres en la Red Australiana por la No Violencia sobre cómo manejamos las cuestiones de empoderamiento y género. Las cuestiones de género son un debate vivo y un campo de acción dentro de la Red, y nuevamente serán tema de discusión en nuestra reunión nacional este año.

Durante tres meses he estado descansando y planificando en la comunidad Commonground en Victoria. Mi pareja y yo regresaremos a Cairns en mayo para establecer ahí un centro para la no violencia y yo buscaré un grupo de hombres y otro de perpetradores como parte de esta tarea. En preparación, he leído las ediciones de los últimos años de la revista XY, así como libros escritos por hombres y mujeres sobre cuestiones de género. XY es generalmente un material excelente, pero a veces escucho campanas de alerta. Por ejemplo, los artículos "Los hombres de la co-escucha", de Michael Flood (Verano 1994-95), y "Cuestionando la hombría", de Gerry Orkin (Otoño 1995) me parecieron irrelevantes a mi experiencia. Demasiado ideológicos, políticamente correctos y aun "sermoneantes".

He aprendido y practicado la co-escucha desde que llegué a Victoria. Ésta ofrece una forma de sanación y descarga del dolor pasado. Tiene un análisis que reconoce la "opresión" de los hombres en la cultura general, pero esto de ninguna manera desvirtúa o desafía la realidad y el alcance de la opresión de las mujeres.

La co-escucha simplemente reconoce que todas las personas son disciplinadas, mediante el uso de violencia, para vivir en una sociedad violenta. Para comportarse violentamente --algo que se requiere de los hombres como preparación para luchar y morir en guerras que protegen la propiedad de la clase dominante-- a los hombres se les arrebata su empatía y su capacidad para la intimidad. Por el contrario, se les inculca aislamiento, competencia y metas falsas. Las mujeres son oprimidas en maneras diferentes pero complementarias.

La co-escucha no se involucra en competencias sobre cuál opresión es peor. Desafía a cualquiera a reconocer lo que está ocurriendo, sanar sus dolores, adquirir poder y acabar con la cultura de opresión. No es un caso de "yo primero" --no se hace a expensas de otras personas-- sino de que cada persona se haga cargo de sí misma como parte de cambiar el mundo. En "Los hombres de la co-escucha", Michael Flood argumenta que la co-escucha sobrestima la impotencia de los hombres, y utiliza inapropiadamente el término opresión. Sin embargo, ¿cuán "poderosos" o "impotentes" son los hombres? Flood escribe que "de acuerdo con casi todos los criterios aceptados de poder --quiénes ocupan el gobierno, quiénes poseen y controlan las empresas, quiénes son santificados como guías espirituales, quiénes controlan las leyes, quiénes reciben un mayor salario, quiénes ostentan posiciones administrativas-- son los hombres, y no las mujeres, quienes tienen el poder". Este análisis es demasiado estrecho; se concentra exclusivamente en lo que yo denomino poder "instrumental", un poder que viene en virtud de la posición de una persona en una institución.

 

Poder personal

También podríamos ver el poder personal, o el "poder interior", como lo describe la feminista mitopoética Starhawk: como algo que se deriva de estar en armonía y conexión con la fuerza vital. Existe, además, el poder cooperativo, o "compartido", como Starhawk lo llama, que se construye sobre la base del poder personal y se aplica en el trabajo hacia visiones compartidas a través de la asociación con otra/s persona/s. La visión de Starhawk es congruente con el modelo existente dentro de la Red Australiana por la No Violencia.

El poder personal no es tal que un sólo sexo (o una sola clase o cultura) pueda tener más de la porción que le corresponde. El poder personal es una cualidad espiritual que puede ser nutrida. Mientras más poder personal tienen las personas, mejores serán las condiciones para la gente, y mucho más se hará para sanar nuestras comunidades y nuestro planeta. La actitud de la co-escucha es que cada persona necesita adquirir poder en el sentido personal y sentirse lo suficientemente segura para compartirlo.

No hay duda alguna en mi mente de que el poder instrumental es torcido, opresivo y dominante en la cultura general. Pero a la mayoría de hombres --no los de la clase dominante-- se les ha destruido su poder "personal" como parte de ganar acceso al poder instrumental (esta es la destrucción del alma que no pude soportar en mi juventud). Los burócratas y parlamentarios que encuentro en mi activismo frecuentemente me cuentan que no hay nada que puedan hacer con su poder instrumental, y están hablando en serio. Todo se decide a un nivel superior o externo al suyo. Ellos tienen solamente la ilusión del poder.

Algunos tipos de feminismo seriamente proponen que todo estará bien cuando las mujeres ostenten el 50 por ciento del poder instrumental. Yo creo que les iría mejor cultivando su persona de "mujer salvaje" o "mujer guerrera" y elevando su habilidad para actuar directamente contra la injusticia y por la vida. Si el poder sigue siendo solamente instrumental, no importa quién lo ostente; la injusticia y la opresión continuarán vigentes.

 

Niños y niñas salvajes

Todo esto me lleva a la mitopoesía. Me impresionó la mala crítica que se dio al libro Hombría (Manhood) de Stephen Biddulph, y el tono burlón reservado para Robert Bly y otros. Recién terminé de leer Hombría y me pareció muy útil. Creo que necesitamos hombres fuertes, así como necesitamos mujeres fuertes. Los hombres y las mujeres pueden beneficiarse de líderes y lideresas que personalmente demuestren las ganancias de los difíciles y peligrosos procesos de transformación personal y política.

Mi primera experiencia de evocar al "guerrero" u "hombre salvaje" como prototipo y protector no vino de adentro del movimiento de mujeres ni del de hombres. Al conectarse con su cólera y expresarla, las mujeres cuyos límites han sido violados (o que se sienten inferiores o impotentes por cualquier razón) pueden aprender a desarrollar su habilidad de ser asertivas y afirmar sus necesidades efectivamente, y confiar en esa habilidad. Pueden "proteger a su niña interna" y "cultivar su poder adulto". Pueden aprender a manejar los ogros y monstruos de experiencias pasadas. También pueden aprender a cultivar y conectarse con su "mujer sabia" por pensar en situaciones difíciles.

Todas las mujeres que conozco que han hecho este trabajo hablan en términos muy positivos sobre la sensación de poder que esto les da y sobre el beneficioso impacto que ha tenido en sus vidas.

A mi juicio, existe una necesidad similar para el trabajo de empoderamiento personal para hombres, y que sólo aquellos cuyas ideas y movimientos ofrecen una verdadera herramienta de trabajo para alcanzarlo llegarán exitosamente a los corazones, las mentes y las almas de los hombres (y de las mujeres y de las y los jóvenes). Talvez sea por esto que el muy envilecido movimiento mitopoético de hombres tiene tanto éxito en "ganar adeptos".

Al leer la edición de otoño de 1995 de la revista XY, no sabía si reír o llorar ante la constante repetición del tema "¿cómo lograremos que más tipos de hombres se unan a nuestro movimiento, si insistimos en una definición muy estrecha de pro-feminista?" Me parece que la respuesta es que no se puede. Yo me considero pro-feminista. Apoyo y motivo a todas las mujeres a ser fuertes, a oponerse individualmente a la injusticia y a formar las alianzas de su elección. Y apoyo y motivo a los hombres a hacer lo mismo.

En mi tarea docente, cuando enseño una introducción a la no violencia, digo que una meta clave es el desmantelamiento de la cultura de "poder sobre otros" que tenemos actualmente. Pido dos compromisos de cualquiera que desee hacer este trabajo. Uno es renunciar a toda participación o complicidad en la dominaciones o explotaciones de cualquier clase; sacarla de la vida personal y desafiarla en otras personas o instituciones cada vez que se encuentre. El segundo es renunciar a toda participación o complicidad en conductas sumisas o de víctima. El doblegarse a conductas de víctima no ayuda a acabar con la injusticia ni a satisfacer las necesidades reales de las personas. No empoderiza a la gente. Solamente confunde las cosas y facilita que las malas situaciones continúen por más tiempo.

 

Palabras patriarcales

Casi nunca uso la palabra "patriarcado" pues, en mi experiencia, la clase y la cultura a la que las personas pertenecen, así como sus circunstancias familiares, dicen mucho más de su experiencia de opresión de lo que el género puede explicar. El "patriarcado" pudo haber sido creado por feministas blancas de clase media para describir su propia experiencia de opresión, pero no es correcto ni justo considerarlo como la causa de toda la opresión. Con o sin intención, el "patriarcado" culpabiliza a los padres y absuelve a las madres de toda responsabilidad. Muchas de las personas que utilizan este término quieren tener una cuota de poder sobre otras y a la vez conservar los beneficios aparentes de su estado de víctimas.

Me perturban las preguntas planteadas en dos de los artículos sobre las sesiones de Adelaide, las cuales parafrasearé: "¿son los hombres pro-feministas parte del movimiento de hombres, o parte de un movimiento pro-feminista que incluya y sea responsable ante las mujeres?" Flood pidió "respuestas". Aquí está la mía.

No debemos temer al movimiento mitopoético, o aun a los movimientos de "derechos de los hombres". Talvez éstos hagan análisis desagradables, y aun "erróneos", pero son expresiones de hombres que están tratando de mejorar sus vidas, y como tales merecen ser reconocidos y escuchados. Siempre podemos aprender unos de otros.

Si algunas mujeres y algunos grupos de los varios movimientos de mujeres temen el poder de los hombres, hagámosles saber que es trabajo suyo manejar ese temor. Aseguremos a toda la gente sobre los beneficios del poder activo, compartido cooperativamente, y ofrezcamos compartir.

Continuemos trabajando en nuestro propio empoderamiento y en un cambio social.

Si observamos malas conductas, interrumpámoslas, pero no culpabilicemos ni juzguemos. Por el contrario, apoyemos las buenas conductas. Seamos modelos de buenas conductas. El repudiar a otros hombres sólo llevará al aislamiento, lo que impedirá promover nuestras ideas ampliamente. El momento de adherirnos al concepto del patriarcado casi ha terminado; fue útil en su momento, pero tiene un valor limitado en nuestro futuro común.

 

Comprometidos al cambio

Terminaré con el compromiso de la co-escucha para hombres:

"Prometo que, a partir de este momento, me sentiré orgulloso de ser hombre y buscaré cercanía y fraternidad en cada hombre de cualquier edad, raza, nación y clase".

"No permitiré que se calumnie, se falte el respeto o se culpe a ningún hombre por las heridas que se le han provocado, y buscaré ofrecer seguridad a todo hombre para que pueda descargar estas crueles heridas".

"Lucharé para detener y eliminar la carga de fatiga y responsabilidad excesiva que se impone a los hombres, así como la coerción a entrar al servicio militar, en el cual hemos sido brutalizados y forzados escoger entre matar o morir".

"Honraré y valoraré mi derecho a ser un hombre bueno, inteligente, valiente y poderoso".


Copyright 1995. Publicado en la revista XY: men, sex, politics, 5(4), Summer 1995-96. XY, PO Box 26, Ainslie ACT, 2602, AUSTRALIA.

Título original: From power to empowerment. Reimpreso con autorización.

Traducción: Laura E. Asturias (Guatemala)

Laura Asturias
Journalist, Feminist
info@@@transwiz.org 

http://www.justicewomen.com/translator.html 

 


Précédente ] Accueil ] Remonter ] Suivante ]