LAS MUJERES Y EL TEMOR AL VUELO... 
DE LOS HOMBRES

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LAS MUJERES Y EL TEMOR AL VUELO DE LOS HOMBRES

 

Por Lucinda Holdforth
Traducción: Laura E. Asturias

Lucinda Holdforth, ex diplomática y redactora de discursos, se pregunta, "¿Qué significa en realidad el movimiento de hombres para las mujeres?" y saca algunas conclusiones atemorizantes. En su primer artículo para Manhood Online, Holdforth habla francamente sobre los peligros de la creciente independencia emocional de los hombres.

Ustedes ya conocen la historia. En las mesas de las cocinas, en los cafés, bares y autobuses, en las fábricas y oficinas, millones de mujeres pasan largas y difíciles horas analizando, quejándose, desesperándose, llorando y riendo -- todo por los hombres. Es lo que nosotras hacemos.

Pero no crean que lo disfrutamos. Es un trabajo desgraciado. Preferiríamos sentarnos por ahí para hablar de política y de arte, de los deportes, de filosofía y literatura. Pero, tal como nos lo hemos dicho tantas veces a nosotras mismas, no es que los hombres vayan a llegar al punto de descifrarse a sí mismos. Ni que vayan a pensar en sus necesidades emocionales y su crecimiento espiritual. Y no es probable que vayan a reflexionar seriamente acerca de sus relaciones (especialmente con nosotras).

No. En vista de que existen sólo dos sexos, parece que le tocará al sexo-mujer encargarse del lado emocional de las cosas. Es un trabajo rudo pero alguien debe hacerlo. Y todo el mundo sabe que, en eso, nosotras somos mejores que los muchachos.

O al menos siempre nos gustó pensarlo. Pero la abrumadora realidad (y esto es algo que no nos gusta admitir) es que las cosas están cambiando.

Algunos hombres --hasta ahora es apenas un chorrito, no una inundación, pero el potencial está ahí-- sí, algunos de los muchachos están empezando a responsabilizarse más por sus identidades, su masculinidad y su desarrollo personal. Están comenzando a asumir un mayor grado de conciencia y responsabilidad por sus relaciones.

Los hombres (o al menos aquellos que están a la vanguardia) se están encaminando en un nuevo sendero emocional y espiritual, con implicaciones no sólo para sí mismos como individuos, sino también para sus parejas y, de hecho, para la sociedad en su conjunto.Y esto significa que los patrones de conducta tradicionales están siendo profundamente desafiados.

Así que es hora de "confesarme" en nombre de las muchachas.

Nos sentimos muy complacidas de que Steve Biddulph haya escrito el único libro de autoayuda que los hombres corren a comprar para sí mismos.

Pero, francamente, nos preocupa un poco que ésta sea una preocupante señal de la creciente independencia emocional de los hombres. (Como ustedes saben, somos las mujeres quienes tradicionalmente hemos comprado los libros de autoayuda y luego insistido en que los hombres en nuestras vidas se ayuden a sí mismos, con muchísimos empujones de nuestra parte.)

Nos place enormemente que los muchachos estén empezando a hablar entre sí en una forma más íntima, que estén compartiendo sus sentimientos y opiniones. Pero no podemos evitar preocuparnos de que esto signifique que los hombres en nuestras vidas sentirán menos necesidad de compartir sus sentimientos con nosotras.

Esto podría sonar mezquino. De acuerdo, definitivamente suena mezquino.

Pero ¿pueden culparnos?

La mayoría de hombres que conocemos normalmente consideraría la "fusión" como algo que se hace con una supergoma algún domingo en el cobertizo. Y cada vez que en el pasado encontramos hombres reflexivos y centrados, usualmente fueron del tipo que prefería exclusivamente la compañía de otros hombres reflexivos y centrados.

De modo que nos resulta un poco difícil ajustarnos a todo esto. Quiero decir que, si los hombres están haciendo su tarea emocional, ¿para qué nos necesitarán (aparte de lo obvio, por supuesto)?

Ahora que lo pienso, probablemente nos esté ocurriendo algo muy parecido a lo que aun los hombres más iluminados experimentaron cuando las mujeres asumieron el control de sus propios destinos en los años sesenta y setenta.

Ellos tuvieron que aceptar que las mujeres queríamos participar más en la vida pública. Y ahora nosotras tendremos que aceptar que los hombres tienen derecho a un papel mucho más amplio en la vida privada.

Entonces, el desafío para todas y todos es tan simple como lo es enorme.

No es suficiente, ni para los hombres ni para las mujeres, tener el coraje de cambiar individualmente, aunque ése es el primer paso crítico.Debemos, además, ser lo suficientemente fuertes y valientes para dejar que las personas que amamos también cambien. Aunque eso nos asuste.

Y, quién sabe, si sobrevivimos después de este proceso, podríamos, mujeres y hombres, prosperar como resultado de ello. Y talvez nuestra sociedad pueda ser más feliz.

Lo único que quedaría por responder sería: "Cuando los hombres finalmente se hayan definido, ¿de qué hablarán las mujeres en las cocinas del país?"

 


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