SEXO, MENTIRAS Y VIOLACIÓN HETEROSEXUAL

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SEXO, MENTIRAS Y VIOLACIÓN HETEROSEXUAL

Por Mark Layton
Título original: Sex, lies and hetero-rape
Traducción: Laura E. Asturias

Mark Layton reflexiona sobre su conducta sexual pasada y los pasos necesarios para cambiarla.


La primera vez que pensé que yo había violado a alguien fue hace ocho años, cuando yo tenía 20. Desde entonces, he aprendido acerca de mis conexiones con la violación.

Tenía una relación larga con una mujer a quien llamaré Jane. Habíamos estado terminando y reconciliándonos en los últimos meses. Jane y yo tuvimos repetidas conversaciones sobre nosotros, y yo examinaba mis propias conductas y pensamientos.

Yo había notado un patrón en mi conducta sexual hacia Jane. A veces, cuando estábamos en la cama por la noche, yo realmente quería hacer el amor pero ella no parecía quererlo. En algunas de estas ocasiones yo le rogaba un poco, me molestaba o la hacía sentir culpable; a veces ella cedía y hacíamos el amor. O talvez sólo estábamos acostados, y sin decir una palabra yo empezaba a tocarla sexualmente: acariciaba sus senos o piernas y me apretaba contra ella. En efecto, la estaba presionando al sexo, o a verse obligada a decir no.

Yo ya sabía que estas conductas no eran "buen sexo". Y me sentía sucio. Sentía que estaba usando a Jane, y me preocupaba que ella me viera de esta forma. Esto me avergonzaba y abochornaba. Me sentía más cómodo cuando ella se mostraba activamente interesada en el sexo o lo iniciaba ella misma. Una parte de mí quería detener esta conducta, mientras otra parte quería salirse con la suya y disculpar o trivializar esa conducta.

Cuando Jane y yo terminamos, ella dijo que yo a veces la presionaba a tener sexo: "A veces simplemente me usaste como algo con lo que pudieras masturbarte". También mencionó otras formas no sexuales en las que yo la trataba de manera condescendiente, la restringía o desvalorizaba. Cuando leo el diario que yo mantenía en ese tiempo, me doy cuenta de que estas conductas estaban claramente interrelacionadas.

 

Violación, ni más ni menos

Aunque sabía que mis conductas eran incorrectas, no fue sino en un grupo de hombres que pude darles el nombre que merecían: violación.

Yo había estado durante un año en un grupo de concientización para hombres. Nos reuníamos tres horas cada domingo por la noche, y cada dos semanas discutíamos un tema "político": sexismo, pornografía, homofobia, etc. El grupo se había comprometido con la concientización antisexista.

Mi relación con Jane era una de las principales cosas de las que yo hablaba en el grupo: mis esfuerzos por cambiar mis hábitos de conducta y por construir una relación más igualitaria. Una noche, yo había estado describiendo los patrones que ya mencioné.

"Eso me suena a violación", dijo uno de los hombres homosexuales del grupo. El que llamara de esta forma a mi conducta me atemorizó y avergonzó. Para mí, las palabras "violación" y "violador" están cargadas de simbolismo emocional y político. Yo había leído literatura feminista sobre la violación y las horribles experiencias que las mujeres sufren a manos de hombres. Para mí, el ser asociado con este horror era realmente perturbador.

Coerción

Yo había usado la coerción contra una mujer para obtener sexo. Talvez no la había lastimado físicamente ni había usado un arma. Pero la había presionado. Ella no se había sentido aterrorizada o físicamente lastimada. Pero se había sentido incómoda y utilizada. Y aunque yo no pude reconocerlo entonces, ahora pienso que ella probablemente se sintió abusada.

La conducta que he descrito es violación. Violación es sexo sin consentimiento, y no puede haber consentimiento si hay coerción o presión.

Mi comportamiento es parte de un continuo de conductas: caricias no deseadas, silbidos, golpes, comentarios en público sobre el cuerpo de las mujeres, exhibicionismo, voyerismo, violación, coerción emocional y asesinato sexual. Existe un vasto espectro de conductas, que va desde las más ordinarias y frecuentes hasta las más aterrorizantes y extremas. Lo común en todas ellas es que involucran invasiones no deseadas por hombres en las vidas de las mujeres.

 

¿Cómo explicarlo?

¿Cómo puedo explicar estas conductas mías? El elemento más crucial es que yo simplemente no tenía suficiente respeto por el derecho de Jane a controlar cuándo, cómo y con quién ella tendría relaciones sexuales.

Dicho de otra manera, yo no había considerado el consentimiento en una forma suficientemente seria.

Me había concentrado en el cuerpo de Jane (como un objeto y una imagen) y no lo suficiente en Jane como una persona consciente (como persona humana con derechos y sentimientos). Había subordinado sus deseos y voluntad a los míos.

Yo no creía conscientemente en ninguno de los mitos comunes acerca de la violación, pero había sido influenciado por lo que se encuentra al centro de esos mitos: una desvalorización del derecho de las mujeres a consentir libremente a tener relaciones sexuales.

Mi masculinidad aprendida y mi heterosexualidad aprendida también son factores cruciales que explican mis violaciones. Los hombres aprendemos a no escuchar la voz de las mujeres, a concentrarnos en sus cuerpos y a ver hasta dónde podemos llegar.

Cuando tenía 15 y 16 años, me encantaba la pornografía: pornografía heterosexual ligera que yo había encontrado, robado, comprado o intercambiado. La pornografía me enseñó a concentrarme en el cuerpo de las mujeres (a cosificarlas) y, a menudo, a ver a las mujeres en formas sexuales (a sexualizarlas). El usar pornografía talvez tuvo algo que ver con la conducta que ya describí.

Para explicar las formas en que yo presionaba a Jane al sexo, también tendría que incluir mi relación emocional particular con ella. Creo que a veces yo deseaba desesperadamente el sexo con Jane para confirmar que había intimidad entre ambos. A veces se trataba más de una obsesión sexualizada por ella. Ambos patrones son comunes en los hombres dentro de las relaciones heterosexuales.

 

Reflexión crítica

He avanzado mucho desde ese tiempo hace ocho años. Hay tres procesos centrales: asumir responsabilidad por mi conducta; desarrollar empatía por la mujer con quien tengo relaciones sexuales y por las experiencias de las mujeres en general; y cambiar mi conducta.

Ya entonces me preocupaba mi conducta sexual. Pero el paso crucial fue el reconocer que había actuado con coerción y poca integridad hacia Jane. He tenido que "adueñarme" de mi conducta: "Sí, he violado a una mujer. La violación apesta. Es totalmente inaceptable. ¿Cómo puedo cambiar mi conducta? ¿Qué puedo hacer para que la violación sea menos probable?"

El segundo elemento crucial para detener mi conducta consiste en averiguar cómo mi comportamiento es experimentado por la mujer. Además de reconocer que los hombres hemos coaccionado a las mujeres al sexo, debemos darnos cuenta de que esto es inaceptable, abusivo y opresivo.

Esto significa que los hombres debemos apreciar el horror emocional y político de la violación.

El tercer elemento es cambiar nuestra conducta; por ejemplo, comunicarnos verbalmente antes, durante y después de las relaciones sexuales y siempre confirmar que hay consentimiento.

Todavía no siento que ahora tengo todo bajo control. Aún necesito estar consciente de la posibilidad de ser coercitivo. Estos tres pasos son cosas que cualquier hombre puede hacer. De lo contrario, sin una actitud de respeto y empatía hacia las mujeres, los hombres continuaremos violando.

 

Sudor y cambio

Mis axilas se humedecen mientras escribo todo esto, aunque hay tanto frío en esta habitación que mi respiración forma nubes de vapor. Temo que la gente me ataque, y por eso he escrito bajo un seudónimo. Me siento profundamente avergonzado de haber coaccionado a una persona a tener sexo. Pero yo, al igual que todos los hombres, no soy esencialmente opresivo y sé que puedo cambiar mis conductas y actitudes opresivas.

Puedo aprender de todo esto. Ello no significa que olvide lo que he hecho, que lo disculpe o lo trivialice. Significa que voy hacia adelante, forjando una vida libre de coerción sexual y de las actitudes que la refuerzan.


Copyright 1995. Revista XY: men, sex, politics. PO Box 26, Ainslie ACT,
2602, AUSTRALIA. Título original: Sex, lies and hetero-rape.

Traducción: Laura E. Asturias (Guatemala)

 


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